El blog oficial de Tania A. Santos

sábado, 24 de marzo de 2018

Cómo comencé a escribir | Letras de Tania

Cuando tenía trece años, fui a pasar un fin de semana a una casita que mis papás estaban construyendo con mucho esfuerzo afuera de la Ciudad. Apenas habían sido instaladas las ventanas, así que llevamos colchones y fue nuestra primera noche completa dentro de la casa. 

Era raro dormir alejada de lo que usualmente asociaba con "mi hogar", pero me la pasé muy bien jugando con mi hermana, platicando con mis padres y huyendo de los mosquitos constantemente. 

Esa noche algo ocurrió. Tuve un sueño muy largo y muy profundo, en el que algunas personas que nunca había visto en mi vida estaban en la misma travesía que yo, y pasábamos aventuras que podrían ser dignas de una película de acción. Cuando desperté, mi familia ya se había levantado y estaba en la cocina preparando el desayuno. 

Pero no podía irme todavía. La aventura de mi sueño me había dejado tal impresión, que al despertar aún seguía en mi cabeza con una claridad que no había visto con ningún otro sueño en el pasado. Me sentía extraña, como si mi mente palpitara de ansiedad por volver a ese mundo y averiguar qué era lo que sucedía después. Además de eso, sentía que poco a poco las memorias del sueño comenzaban a hacerse borrosas y eso hizo que sintiera la necesidad de dejar todo lo que tenía contenido en un soporte que durara más que el soplo de aquel sueño.

No recuerdo de dónde saqué el cuaderno tamaño profesional, pero en cuanto lo tuve en mis manos tomé un bolígrafo, y me apresuré a redactar todo lo que recordaba antes de que se fuera de mi mente para siempre. Traté de detallar cada movimiento, cada diálogo, y la apariencia de cada unos de los personajes que estaban conmigo y con los que había convivido.  Una vez terminadas estas anotaciones apresuradas, las contemplé con una inmensa satisfacción y las releí al menos unas diez veces a lo largo de ese día.

Algunas horas después, me di cuenta de que la historia que había desarrollado desde el sueño con tanta dedicación seguía incompleta. Eso me motivó a dejar lo que había "vivido en sueños" detrás, y completar el resto de lo que yo creía que pasaba con invenciones mías. 

Fue entonces que me permití soñar despierta, y dejé volar mi imaginación de lleno hasta terminar lo que podría considerarse mi primera historia.  

Cuando tuve la oportunidad, pasé en limpio todos esos apuntes desordenados a un cuadernito de forma francesa que se terminó al cabo de un año. Como la historia continuaba, compré otro y la seguí a lo largo del siguiente año. Y después, el siguiente. Y así, hasta rellenar un aproximado de diez cuadernos. 

Puede que esa historia nunca vea la luz del día, o puede que sí, pero mientras esa decisión es tomada, me siento muy orgullosa de poder contemplar a través de ellos mi evolución y práctica con las palabras, y a recomendarles que escriban, que creen, que inventen historias sin importar que tan inverosímiles parezcan. 

Tú eres tus palabras.



Desde aquel momento a mis tiernos trece, yo llamé con cariño a ese lugar "la casa de los sueños", porque le debo las circunstancias inciertas que resultaron ser las adecuadas para la aventura que inició mi necesidad por escribir, estructurar y dar forma a lo que soy.


Bueno, espero que les haya gustado esta historia. Es parte de lo que me representa, y creo que nunca había escrito con detalle sobre este tema, aunque nunca deja de estar presente. 

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¡Muchas gracias por leer, por compartir conmigo este momento, por estar aquí!
¡Nos leemos pronto!


Tania S. 

1 comentario:

  1. Muy linda y sincera tu historia. El mejor modo de soñar despiertos es escribiendo

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